Mi pequeño rincón
domingo, 12 de febrero de 2023
Hace tiempo que me pregunto si realmente existe la bondad, o es todo un engaño, simple apariencia para quedar bien. Las personas son buenas cuando les interesa serlo, y cuando ya han conseguido lo que quieren, qué más da clavarle un cuchillo a las espaldas a ese amigo con el que se lo pasaban genial, total, tienen mas amigos con los que ser "guay's" delante de los demas.
martes, 22 de octubre de 2013
¿Qué es la madurez?
Estoy cansada de que me quieran dar lecciones de madurez todos los días.
De que me digan, si te enfadas por “chorradas”, eres
inmadura.
Si te diviertes y te ríes con “tonterías”, eres inmadura.
Si tienes sueños, eres inmadura.
Sólo diré que lo que a unos desde fuera les parece una
tontería, a lo mejor a mi realmente me molesta.
Que si a alguien le parece que me rio a menudo con tonterías,
a lo mejor es que le falta sentido del humor.
Y por último, si a alguien le parece inmaduro soñar, debe
tener una vida bastante vacía o falta de valor para cumplir sus propios sueños.
Muchos hablan de la madurez pero, ¿Qué es?
sábado, 12 de mayo de 2012
Rabia y dolor
Hay personas que se cruzan en el camino de tu vida, que son como piedras. Piedras que hacen que te tropieces una y otra vez e intentan impedir que consigas tus metas y tus sueños. Esas personas no se merecen ni que les dirijas la mirada, ni que les dediques una milésima de segundo en tu mente, nada, no se merecen nada en absoluto. Son como parásitos que no se cansan de "picarte" a pesar de ver como te hundes. Poco a poco iras sintiendo que tus sueños se escapan por la borda, y te parecerán más dificiles esas metas que un dia soñaste que alcanzarías. Te daras cuenta de que ya no eres la misma persona que eras, que ya no disfrutas con las cosas, ya no rindes como antes, te salen mal las cosas, te enfadas a menudo, te cuesta sonreir... Lo unico que necesitas es evadirte del mundo real, que pesa tanto que tu cuerpo no puede soportarlo. Se me ocurre algo aun más descabellado que todo esto, y es que la persona que te impide que avances, la que te quita el sueño por las noches, la que no puedes mirar a los ojos sin sentir rabia, odio, rencor.. que esa persona sea la que un día te dio la vida y ahora te la esta quitando...
domingo, 29 de abril de 2012
Pongo la hoja en blanco en frente de mi, al principio cuesta que surjan las palabras, pero pronto comienzan a brotar de mi pensamiento, miles de sentimientos, recuerdos, fantasias, preocupaciones y alegrias. Intento plasmar todas esas cosas en palabras pero entonces llega esa horrible sensación, ese no poder expresar todos los pensamientos en palabras textuales, es cierto eso que dicen, que no hay suficientes en el diccionario. Además aunque escogiera las palabras adecuadas, es muy triste saber, que sólo yo sabré como me siento realmente en cada momento.
Con un poco de suerte, conseguiré conocerme a mi misma, digo esto porque muchas veces sentimos cosas que nos asustan, cosas que aunque no sean lo más común en nosotros están ahí, y nosotros tratamos de olvidarlas para no sentirnos mal, pensando que no somos nosotros en ese momento, entonces las mandamos al "baul oscuro" de la memoria. Mi consejo es que lo aceptéis, no puedes tratar de eliminar una parte de tu personalidad así como así, además hay cosas que nunca se olvidan, simplemente hace falta que se den las condiciones adecuadas, para que estos recuerdos resurjan del olvido.
Todos sentimos rabia, celos, odio......
Las personas nos parecemos mas de lo que pensamos, y es inutil tratar de ocultar lo inocultable.
(Patricia Azcune)
Con un poco de suerte, conseguiré conocerme a mi misma, digo esto porque muchas veces sentimos cosas que nos asustan, cosas que aunque no sean lo más común en nosotros están ahí, y nosotros tratamos de olvidarlas para no sentirnos mal, pensando que no somos nosotros en ese momento, entonces las mandamos al "baul oscuro" de la memoria. Mi consejo es que lo aceptéis, no puedes tratar de eliminar una parte de tu personalidad así como así, además hay cosas que nunca se olvidan, simplemente hace falta que se den las condiciones adecuadas, para que estos recuerdos resurjan del olvido.
Todos sentimos rabia, celos, odio......
Las personas nos parecemos mas de lo que pensamos, y es inutil tratar de ocultar lo inocultable.
(Patricia Azcune)
domingo, 22 de abril de 2012
Había una vez una comunidad de luciérnagas que habitaba el interior de un gigantesco lampati, uno de los árboles más majestuosos y antiguos de Tailandia. Cada noche, cuando todo se volvía oscuro y apenas se escuchaba el leve murmurar de un cercano río, todas las luciérnagas salían del árbol para mostrar al mundo sus maravillosos destellos. Jugaban a hacer figuras... con sus luces, bailando al son de una música inventada para crear un sinfín de centelleos luminosos más resplandeciente que cualquier espectáculo de fuegos artificiales.
Pero entre todas las luciérnagas del lampati había una muy pequeñita a la que no le gustaba salir a volar.
- No, hoy tampoco quiero salir a volar -decía todos los días la pequeña luciérnaga-. Id vosotros que yo estoy muy bien aquí en casita.
Tanto sus padres como sus abuelos, hermanos y amigos esperaban con ilusión la llegada del anochecer para salir de casa y brillar en la oscuridad. Se divertían tanto que no comprendían por qué la pequeña luciérnaga no les quería acompañar. Le insistían una y otra vez, pero no había manera de convencerla. La pequeña luciérnaga siempre se negaba.
-¡Que no quiero salir afuera! -repetía una y otra vez-. ¡Mira que sois pesados!
Toda la colonia de luciérnagas estaba muy preocupada por su pequeña compañera.
-Tenemos que hacer algo -se quejaba su madre-. No puede ser que siempre se quede sola en casa sin salir con nosotros.
-No te preocupes, mujer -la consolaba el padre-. Ya verás como cualquier día de estos sale a volar con nosotros.
Pero los días pasaban y pasaban y la pequeña luciérnaga seguía encerrada en su cuarto.
Una noche, cuando todas las luciérnagas habían salido a volar, la abuela de la pequeña se le acercó y le preguntó con mucha delicadeza:
-¿Qué es lo que ocurre, mi pequeña? ¿Por qué no quieres venir nunca con nosotros a brillar en la oscuridad?
-Es que no me gusta volar-, respondió la pequeña luciérnaga.
-Pero, ¿por qué no te gusta volar ni mostrar tu maravillosa luz? -insistió la abuela luciérnaga.
-Pues… -explicó al fin la pequeña luciérnaga-. Es que para qué voy a salir si nunca podré brillar tanto como la luna. La luna es grande, y muy brillante, y yo a su lado no soy nada. Soy tan diminuta que en comparación parezco una simple chispita. Por eso siempre me quedo en casa, porque nunca podré brillar tanto como la luna.
La abuela había escuchado con atención las razones de su nieta, y le contestó:
-¡Ay, mi niña! hay una cosa de la luna que debería saber y, visto lo visto, desconoces. Si al menos salieras de vez en cuando, lo habrías descubierto, pero como siempre te quedas en el árbol, pues no lo sabes.
-¿Qué es lo que he de saber y no sé? -preguntó con impaciencia la pequeña luciérnaga.
-Tienes que saber que la luna no tiene la misma luz todas las noches -le contestó la abuela-. La luna es tan variable que cada día es diferente. Hay días en los que es grande y majestuosa como una pelota, y brilla sin cesar en el cielo. Pero hay otros días en los que se esconde, su brillo desaparece y el mundo se queda completamente a oscuras.
-¿De veras hay noches en las que la luna no sale? -preguntó sorprendida la pequeña luciérnaga.
-Así es -le confirmó la abuela. La luna es muy cambiante. A veces crece y a veces se hace pequeñita. Hay noches en las que es grande y roja y otras en las que desaparece detrás de las nubes. En cambio tú, mi niña, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz.
La pequeña luciérnaga estaba asombrada ante tal descubrimiento. Nunca se había imaginado que la luna pudiese cambiar y que brillase o se escondiese según los días.
Y a partir de aquel día, la pequeña luciérnaga decidió salir a volar y a bailar con su familia y sus amigos. Así fue como nuestra pequeña amiguita aprendió que cada uno tiene sus cualidades y por tanto, cada uno debe brillar con su propia luz.
DESCONOCIDO
Pero entre todas las luciérnagas del lampati había una muy pequeñita a la que no le gustaba salir a volar.
- No, hoy tampoco quiero salir a volar -decía todos los días la pequeña luciérnaga-. Id vosotros que yo estoy muy bien aquí en casita.
Tanto sus padres como sus abuelos, hermanos y amigos esperaban con ilusión la llegada del anochecer para salir de casa y brillar en la oscuridad. Se divertían tanto que no comprendían por qué la pequeña luciérnaga no les quería acompañar. Le insistían una y otra vez, pero no había manera de convencerla. La pequeña luciérnaga siempre se negaba.
-¡Que no quiero salir afuera! -repetía una y otra vez-. ¡Mira que sois pesados!
Toda la colonia de luciérnagas estaba muy preocupada por su pequeña compañera.
-Tenemos que hacer algo -se quejaba su madre-. No puede ser que siempre se quede sola en casa sin salir con nosotros.
-No te preocupes, mujer -la consolaba el padre-. Ya verás como cualquier día de estos sale a volar con nosotros.
Pero los días pasaban y pasaban y la pequeña luciérnaga seguía encerrada en su cuarto.
Una noche, cuando todas las luciérnagas habían salido a volar, la abuela de la pequeña se le acercó y le preguntó con mucha delicadeza:
-¿Qué es lo que ocurre, mi pequeña? ¿Por qué no quieres venir nunca con nosotros a brillar en la oscuridad?
-Es que no me gusta volar-, respondió la pequeña luciérnaga.
-Pero, ¿por qué no te gusta volar ni mostrar tu maravillosa luz? -insistió la abuela luciérnaga.
-Pues… -explicó al fin la pequeña luciérnaga-. Es que para qué voy a salir si nunca podré brillar tanto como la luna. La luna es grande, y muy brillante, y yo a su lado no soy nada. Soy tan diminuta que en comparación parezco una simple chispita. Por eso siempre me quedo en casa, porque nunca podré brillar tanto como la luna.
La abuela había escuchado con atención las razones de su nieta, y le contestó:
-¡Ay, mi niña! hay una cosa de la luna que debería saber y, visto lo visto, desconoces. Si al menos salieras de vez en cuando, lo habrías descubierto, pero como siempre te quedas en el árbol, pues no lo sabes.
-¿Qué es lo que he de saber y no sé? -preguntó con impaciencia la pequeña luciérnaga.
-Tienes que saber que la luna no tiene la misma luz todas las noches -le contestó la abuela-. La luna es tan variable que cada día es diferente. Hay días en los que es grande y majestuosa como una pelota, y brilla sin cesar en el cielo. Pero hay otros días en los que se esconde, su brillo desaparece y el mundo se queda completamente a oscuras.
-¿De veras hay noches en las que la luna no sale? -preguntó sorprendida la pequeña luciérnaga.
-Así es -le confirmó la abuela. La luna es muy cambiante. A veces crece y a veces se hace pequeñita. Hay noches en las que es grande y roja y otras en las que desaparece detrás de las nubes. En cambio tú, mi niña, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz.
La pequeña luciérnaga estaba asombrada ante tal descubrimiento. Nunca se había imaginado que la luna pudiese cambiar y que brillase o se escondiese según los días.
Y a partir de aquel día, la pequeña luciérnaga decidió salir a volar y a bailar con su familia y sus amigos. Así fue como nuestra pequeña amiguita aprendió que cada uno tiene sus cualidades y por tanto, cada uno debe brillar con su propia luz.
DESCONOCIDO
domingo, 15 de abril de 2012
A un visitante que a sí mismo se definía como “buscador de la verdad” le dijo el Maestro: “Si lo que buscas es la verdad, hay algo que es preciso que tengas por encima de todo”.
“Ya lo sé: una irresistible pasión por ella” contestó el buscador.
“No, una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado”.
(ANTHONY DE MELLO)
“Ya lo sé: una irresistible pasión por ella” contestó el buscador.
“No, una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado”.
(ANTHONY DE MELLO)
viernes, 13 de abril de 2012
LA IRA (Reflexión)
"Mi carácter impulsivo me hacía estallar en cólera a la menor provocación. La mayor parte de las veces, después de uno de estos incidentes, me sentía avergonzado y me esforzaba en consolar a quién había herido o dañado.
Un buen día un psicólogo apareció en mi camino. Me vio dando mis acostumbradas excusas tras una explosión de ira de las buenas. Me paró y me entregó un papel liso, y entonces me dijo con autoridad y aserción: -"¡estrújalo!"-
Sin salir aún de mí asombro pero sintiendo una profunda simpatía por la afabilidad de su rostro, obedecí e hice una bola con el papel que me había entregado.
Luego, me dijo: -"Ahora, intenta dejar este papel como yo te lo di, liso e impoluto..."-
Como ya supondréis, no pude dejarlo como estaba. Por más que lo intenté, el papel ya estaba estropeado y lleno de arrugas.
Entonces él me dijo:
"El corazón de cada persona es como ese papel. La impresión que dejas en ese corazón que lastimaste, será tan difícil de borrar como las arrugas de este papel.
Aunque intentar enmendar el error es tan lícito como lo es el pedir perdón, ese corazón ya queda, de alguna forma, "marcado".
Por impulso e inconsciencia, no nos controlamos y sin pensar arrojamos de forma visceral, como víbora expulsando su veneno, palabras llenas de odio y rencor. Luego, cuando pensamos sobre ello y a nuestra alma acude el recuerdo de nuestro acto, nos arrepentimos sobremanera.
Pero no podemos dar marcha atrás, no podemos desandar lo andado, borrar lo que ya quedó grabado. Y lo más triste de todo, es que inconscientemente vamos dejando "arrugas" en muchos corazones a los que sólo deberíamos Amar.
Así que, desde hoy, cuando sientas deseos de estallar recuerda en forma de imagen y con un sentimiento de Amor al pobre "papel arrugado".
"Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios".
DESCONOCIDO
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